La estrategia política de la posverdad y la manipulación de la percepcióN:

un análisis psicosocial

Por Ignacio Vera

Psicólogo clínico

11/05/2020

La estrategia política de posverdad consiste en que una persona dotada de los medios necesarios tiene el poder de imponer un discurso cualquiera como ‘verdad’. Es el poder de una autoridad que está ‘legitimada’ como portavoz de expresión y comunicación de un mensaje en específico, dirigiendo la percepción inmediata de una persona y el modo en que pueda recibir ese mensaje. Por lo tanto, el discurso y la ‘afectividad’ del ese mensaje están comprometidos por un interés particular.

¿Por qué las autoridades empezaron a preocuparse por la percepción de la gente?

Para abordar esa pregunta, en primer lugar, tenemos que definir qué es la percepción.

La percepción, en términos psicológicos, no funciona como un ‘espejo’ de la realidad (como simple información recibida a través de los sentidos) sino que se experimenta de una forma más compleja. La percepción, muy a grandes rasgos, depende de cómo lo percibido se ‘manifiesta’ según la estructura perceptiva de cada organismo. En los humanos por ejemplo, nuestros órganos sensibles perciben por medio de la intuición inmediata y por medio del intelecto podemos ‘reconstruir’ lo que estamos viendo.

Por ejemplo, no poder ver el sol directamente porque nos empiezan a doler los ojos. Esta incapacidad perceptiva nos impide ver el ‘sol en sí mismo’.

 

Otro ejemplo, es cuando dos personas ven diferentes tipos de color rojo. No es que exista un color rojo ‘en sí mismo’, sino la manera en que uno percibe un color. A partir de ahí, hay que usar el intelecto y nuestra capacidad de usar el lenguaje para establecer consensos que determinen qué es el color rojo, pero siempre teniendo en cuenta que esa definición es un consenso legitimado y no algo a priori.

¿Y qué pasa con las cosas que no se pueden percibir directamente pero sí existen, como por ejemplo, las partículas, las neuronas, y en nuestro caso más actual, la pandemia del coronavirus? 

Las personas, en este caso autoridades que están encargadas de informarle a la población qué es esta pandemia tienen que ‘reconstruirla’ y conceptualizarla, por lo que nuestra percepción inmediata del coronavirus depende del tipo de información y consenso que recibamos.

¿Y qué sucede cuando nuestra percepción inmediata está condicionada por una institución política? Según el tipo de interés que posean, se corre el riesgo de que la construcción de ese discurso sea utilizado como ‘verdad’ para alcanzar un fin en específico y como una oportunidad para usar la percepción como un instrumento de control y manipulación política.

Veamos qué se entiende por el uso de la ‘verdad’. Aquí es necesario tener en cuenta que el concepto de verdad varía según cada época sociohistórica, pues el modo en que la ‘verdad’ se construye depende mucho del concepto o noción de conocimiento que se tenga disponible en cada época. Así, podemos enfatizar que en la época moderna (siglo XVII hasta XX) la distribución del conocimiento y sus discursos asociados eran normativamente consensuados y unilaterales. Los canales de distribución de información estaban controlados, lo que también se reflejaba en el estilo de vida de las personas: trayectorias de vida seguras, controladas y estructuradas. Por lo tanto, las personas no tenían que lidiar ni conocer la posverdad porque, en términos metafóricos, la verdad podía ser controlada, estructurada e ilustrada.

Ahora, ¿qué pasa cuando los canales de información son multivariados y el tipo de información puede ser manipulada no sólo por una autoridad, sino que por una persona común y corriente? 

Ahí es cuando el desarrollo de la tecnología entró a sacudir el control de distribución de la ‘verdad’, rompiendo con su estructura y también dando la posibilidad de exhibir o mostrar múltiples y diversas realidades. La televisión, el internet y los medios de comunicación, entonces, son representantes icónicos de nuestra época actual denominada posmoderna (XX-), época donde las personas perceptivamente han aprendido y tienden a sintonizarse con variadas y múltiples señales significativas, mediadas por diferentes corrientes de discursos e imágenes entregadas por los medios de comunicación de masas, propios de una sociedad globalizada. El lenguaje, que antes era un instrumento de comunicación ahora es un instrumento de consumo. De este modo, lo que importa no es lo que dice el mensaje, sino cómo está hecho y entregado. En otras palabras, importa más el envoltorio que el regalo. Sin duda que la relación entre lenguaje, percepción y verdad es un tema más que interesante, pero por temas de extensión tendríamos que abordarlos en una próxima columna.

En conclusión, la posverdad es un concepto de origen posmoderno, dado que las personas al estar acostumbrados a percibir inmediatamente múltiples tipos de información, son capaces de recibirlas como verdaderas y de difundirlas a través de sus canales más a la mano (whatsapp, facebook, instagram y twitter). Ahora bien, que esa posverdad sea una herramienta y una oportunidad para controlar que las personas no accedan a ‘una verdad’ o que no puedan reconstruirla por sí mismos tiene que ver con intereses políticos que, hasta el día de hoy, se escapan de nuestras manos.